El semanario de la iglesia catalana entrevista a Arturo San Agustín
«Un perro verde» en Cataluña cristiana
Diciembre/2011

(Cataluña cristiana) Un contador de historias. Así se define a sí mismo Arturo San Agustín (Barcelona, 1949). Historias de la vida cotidiana, salpicadas de anécdotas y de buen humor, como las que ha contado en su último libro publicado, Un perro verde entre los jóvenes (Khaf), donde recoge las crónicas de su experiencia este verano en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011. El de San Agustín es un periodismo sin complejos, que huye de los tópicos y que detesta la vanagloria. Es un periodismo que baja a la calle, que habla con la gente y que explica simplemente lo que ve y lo que oye. Lo que ha visto y oído este verano en Madrid es una juventud católica alegre y desinhibida, que poco o nada tiene que ver con la imagen que nos han vendido de ella. «Les necesitamos, son el futuro», ha llegado a afirmar sin tapujos este antiguo publicista de éxito infiltrado, como «un perro verde», entre los jóvenes del Papa.

 

-Raro como un perro verde. ¿Así seha sentido Arturo San Agustín entre los llamados jóvenes del Papa?

Lo del perro verde, más que provocar en los posibles lectores una cierta atracción, lo único que quería expresar es que yo no soy uno de ellos, en primer lugar y sobre todo porque no soy joven.

También he querido dejar claro desde el título que acudía a la JMJ desde la independencia, como he hecho siempre, aunque no sea algo muy rentable en nuestro país. En este sentido sí que soy un tipo extraño, un poco raro, y de ahí lo del perro verde.

 

- Perdone la indiscreción, pero no acabo de entender todavía qué le llevó hasta Madrid... ¿Qué hacía alguien como usted en un lugar como aquél?

La explicación es muy simple. Durante el pasado mes de agosto empecé a leer y a oír comentarios altisonantes de aquellos que no estaban de acuerdo con la visita del Papa a Madrid ni con la celebración de la JMJ. Aunque no estamos en el año 1936, algunos

comentarios me recordaron lo que mi padre en su día me había explicado: «En

este país, cuando no sabemos solucionar un problema, nos comemos un cura.»

Es importante decir que mi padre fue anarquista convencido, pero anarquista de los que creían en la fraternidad universal y no en la bomba ni la pistola. No era creyente, pero sí un hombre digno y solidario que acabó en un campo de concentración francés. Sus palabras me recordaron lo que estaba pasando con la visita del Papa y la celebración de la JMJ y frente a eso, sin saber si quiera qué editorial me lo iba a editar, decidí escribir el libro por mi cuenta y riesgo.

 

- Dada su trayectoria, mucha gente se habrá sorprendido al descubrir un libro que no deja mal al Papa ni a la Iglesia...

Yo sólo hago una crónica objetiva,con los jóvenes católicos como protagonistas, en la que intento reflejar lo que vi y escuché aquellos días en Madrid. Eso ha provocado las risas y las ironías por parte de compañeros de profesión, así como la crítica de algunos amiguetes de toda la vida. Alguno hallegado a insinuar que me hevendido a la Iglesia e incluso que el libro me lo había encargado el Vaticano o hasta el propio Papa. Ni lo uno ni lo otro, fue, como ya he dicho, una decisión personal.

 

- La impresión al leer su libro es que el suyo es un relato-amigo. ¡Hasta la jerarquía, siempre tan criticada, sale bien parada! Sin embargo, usted insiste en afirmar que la iniciativa es absolutamente libre...

Yo creo que todos los españoles somos católicos. Aunque muchos no lo quieran aceptar, España culturalmente es católica. Como lo es Europa. Precisamente uno de

los grandes errores de Europa es el olvido de sus raíces. Ésta fue una de las primeras cosas que me acercó a Benedicto XVI, el único Papa que me ha interesado, intelectualmente hablando, y que incluso diría que me ha seducido. Siendo cardenal dijo una frase que me dio mucho que pensar: «Europa no se quiere.» Esto es un absurdo que tendrá graves consecuencias.

 

- ¿Admite, pues, que la suya es una mirada simpática sobre la Iglesia y sobre el Papa?

Con el libro he intentado simplemente ser objetivo, aunque he de reconocer que lo he escrito con algo más que simpatía por la Iglesia. Hay gente que ha dicho que soy agnóstico, pero en realidad yo soy una persona creyente, aunque no sea un buen creyente. Hay cosas de la Iglesia que no me gustan, pero muchísimas otras que sí. Al mismo tiempo también me considero anarquista en el sentido fraterno, que no está muy alejado del catolicismo.

 

- Durante una semana se convirtió en un peregrino más, con todo lo que supone de sacrificio y cansancio una JMJ...

Más que el cansancio lo que fue realmente duro fue el calor de Madrid. Eso que los andaluces llaman «la calor»... Era una cosa aplastante. ¡No he bebido tanta agua en mi vida!

 

- ¿Es la alegría de los jóvenes, además del hermoso rostro iluminado de aquella joven de la Comunidad del Emmanuel, lo que más le llamó la atención de esos días?

Aquella chica del Emmanuel ha sido, para mí, la imagen de la JMJ. Sin decir muchas palabras, aquel ser irradiaba una luz especial. Una de las cosas que más me llamó la atención en la JMJ es el uso del adjetivo «normal» en referencia a estos jóvenes. «Se ven gente normal», decía la gente. Es muy significativo porque eso quiere decir que en España hoy no se acepta que los jóvenes católicos puedan ser jóvenes normales y de su tiempo. Y una de las características de la juventud debería ser siempre la alegría.

Lo que seducía de aquellos jóvenes era, primero, que los veías jóvenes, y segundo, muy alegres, aunque no bobalicones. Aquel millón y pico de jóvenes mejoró por unos días el clima ambiental de una ciudad como Madrid. Eran gente universitaria, desinhibida y eso rompía muchos prejuicios. ¡Algunos se sorprendían hasta de la belleza de las chicas!

Esto me ha dado mucho que pensar...

La Iglesia sabe organizar cosas, pero no tanto comunicar lo que realmente es.

Estoy convencido de que mucha gente podría encontrar en la Iglesia católica lo que busca en otros lugares.

 

- Quien sí que sabe comunicar, según se desprende de sus palabras, es Benedicto XVI.

Yo no me considero intelectual, pero este Papa es el que más ha interesado al mundo intelectual. Leerlo es una gozada, aunque estés más o menos de acuerdo con lo que dice. Es un intelectual de una potencia brutal. Yo creo que es el Papa que necesita la Iglesia en estos momentos. Lo que peor me sabe es que por el hecho de ser Papa no va a poder escribir esos dos o tres libros que pensaba haber escrito y que estoy seguro de que hubieran sido muy importantes.

 

- Por lo que relata, y sin necesidad de entrar en halagos innecesarios, Arturo

San Agustín se ha convertido en un «admirador» de Benedicto XVI. ¿Tuvo ese

mismo sentimiento cuando el 19 de abril de 2005 fue elegido Papa?

De entrada, siempre me pareció un personaje con una talla intelectual y humana fuera de lo común. Ya me habían hablado muy bien de él, sobre todo periodistas italianos, y me había sugerido que lo leyera. Al leerlo, ya como cardenal, descubrí perlas importantísimas. Es un intelectual de una potencia impresionante, un seductor

en el más noble sentido de la palabra. Por eso no tengo problemas en declararme

admirador, incluso fan, de Benedicto XVI.

 

- En el libro recurre continuamente a sus palabras, a sus discursos...

Es que una crónica no es otra cosa que dar fe de lo que has visto y oído. Por eso he intentado recoger y sintetizar, no de forma exhaustiva, sino a partir de una selección,

algunos de los discursos que durante aquella semana también fueron protagonistas.

La voz del Papa tiene que estar presente.

 

- Acaba el libro-crónica preguntando a una peregrina quién es Jesús para ella... ¿Quién es Jesús para usted?

Fue una pregunta que hice instintivamente, en medio de aquel calor asfixiante. Su respuesta fue muy salada y espontánea, muy joven. ¿Te gusta mi sonrisa?, me preguntó. Yo le dije que sí, y ella respondió: «Pues esto es Jesús.»

 

- Entiendo que no quiera contestar a una pregunta tan comprometedora...

Jesús, para mí, es el gran milagro de Dios, incluso para los que no creen en él. Porque alguien cuya existencia es negada por tanta gente ha sido la persona que más ha influido y sigue influyendo en este mundo.

 

-¿Cuál es el secreto para hacer una buena crónica?

Para mí la clave está en la anécdota. Muchas veces donde está la verdad es en la anécdota, que en griego quiere decir precisamente «no publicable». La anécdota es lo que nos retrata de verdad. Es lo que hacemos o decimos cuando creemos que nadie nos ve ni nos oye. El cronista tiene una función casi notarial, sin intentar provocar ciertas situaciones para que no se convierta en una manipulación. El cronista da fe de lo que ve y oye, sin incidir en la realidad, o interviniendo lo menos posible. En mis crónicas yo ni siquiera intento provocar el diálogo. Simplemente surge. El secreto es estar plenamente receptivo, sentir curiosidad por la vida, captar la buena historia y saberla contar con una cierta gracia.

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